CAP XXIV
La iglesia está a reventar, todos los invitados especiales esperan con ansias la entrada de la novia, el Ave María será interpretado por el orfeón universitario de la ULA y el salmo responsorial estará a cargo del honorable arquitecto Ricardo Castillo, amigo de la familia y su corredor de seguros de cabecera. De repente todos se ponen de pie.
Hace su entrada a la iglesia la hermosísima novia, la inmensa cola de su espectacular vestido blanco llega hasta más allá de la puerta y de la mano de su padre, poco a poco se acercan hasta el altar donde la espera el novio.
SACERDOTE: “Queridos feligreses, sean bienvenidos a la unión en sagrado matrimonio de estos dos hijos del señor que hoy han decidido juntar sus almas por la eternidad de los tiempos… Ver a una joven pareja como esta, en el resplandor de sus vidas y con tantas ansias de compartir como esposos, no puede menos que emocionarnos por la ratificación en la existencia del verdadero amor. Después de haber realizado todos los pasos antes de consagrar esta unión, debo preguntar: Camila Francesca Pomodorata ¿Aceptas a este hombre? ¿Prometes serle fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, amarlo y respetarlo todos los días por el resto de tu vida?”
CAMILA: “Si… Acepto”
SACERDOTE: “Y tu… Esquilachi Alberto Ramírez Paredes… ¿Aceptas a esta mujer? ¿Prometes serle fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, amarla y respetarla todos los días por el resto de tu vida?”
ESQUILACHI: “Habiendo aceptado los novios sus compromisos matrimoniales, debo preguntar si hay alguien en esta sala que se oponga a la sagrada unión de Esquilachi y Camila… De ser así que hable ahora o calle para siempre… Procedo entonces a declararlos marido y mujer”
Todo es alegría y felicidad en la vida de Esquilachi Ramírez y su ahora esposa Camila Pomodorata, ahí van corriendo por el pasillo principal de la iglesia rumbo a la salida para abordar la limusina… Todos los allí presentes aplauden y les lanzan arroz, todos, excepto doña Ernestina Paredes de Ramírez, madre de Esquilachi.
Doña Ernestina no tiene arroz en sus manos para lanzarle al par de novios, la doña lleva un balde de agua y en este momento se lo lanza en la cara a su único y consentido hijo.
DOÑA ERNESTINA: “Esquilachi hijo… Despierta… Despierta… Despierta ya… Es hora que salgas de este inmundo cuarto y vuelvas a tu colegio como es costumbre… Vamos Esquilachi… Despierta y ve a darte un baño porque apestas”
Efectivamente, ya había pasado una semana después del terrible incidente en el colegio San Tiro Fijo, en el que Esquilachi fue descubierto y la que hasta ese día fue su novia, nos referimos a la bella Camila Pomodorata, se dio cuenta del terrible engaño del que había sido víctima.
Esquilachi no la había vuelto a ver, recuerden que el muchacho optó por salir corriendo cuando se vio descubierto y hasta ese día ni siquiera había intentado escribirle, mucho menos llamarle.
Ya tenía una semana sin ir a clases, se lo pasaba encerrado en su cuarto, la comida se la pasaban por debajo de la puerta como a los loquitos, no se bañaba ni se afeitaba los tres pelitos que tenía por barba y sus amigos tampoco sabían nada de él. De vez en cuando tenía sueños locos como el que escucharon al principio y lo peor era que se lo pasaba escuchando canciones de Camila, esa agrupación mexicana de desviados sexuales, por lo depresivas de sus letras y por el nombre propiamente dicho de la banda.
Preocupados ante aquella extraña situación, Don Aquilino y Doña Ernestina, padres de Esquilachi, habían decidió tomar cartas en el asunto.
DOÑA ERNESTINA: “Ya lo desperté… En este momento se está bañando por fin… Aquilino, te ruego que aproveches ahorita que lo vas a llevar al colegio y hablas con él… Trata de ver que le pasa a nuestro hijo… Yo se que está en una edad difícil, pero no creo que se normal que se lo pase aullando todas la noches”
Veinte minutos más tarde Don Aquilino y su hijo iban rumbo al colegio.
DON AQUILINO: “Esquilachi hijo… No tienes porque estar así de esa manera… Tu conducta de estos últimos días la se interpretar muy bien… Y déjame decirte hijo que te entiendo… Yo te entiendo porque todo hombre ha pasado, en algún momento de su vida por lo que tu estás pasando”
ESQUILACHI: “¿En serio papá?... ¿Tu me entiendes?... Dime entonces que puedo hacer para sacarme tanto dolor de encima”
DON AQUILINO: “Hijo… Más que como padre, te voy hablar como hombre… Te voy hablar como un amigo… Ese dolor que llevas en tu pecho se cura de una sola manera… Debes dejar de ir al estadio… Estudiantes está jugando muy mal y mientras no hayan cambios importantes en su estructura el sufrimiento de muchos como tu va a seguir… Yo se que tu amas ese equipo… Pero debemos admitir que este no es su mejor momento hijo mío”
Se nota que Don aquilino conocía muy bien a su hijo.
Esquilachi entra al colegio, tenía una semana sin ir a clases, esa semana se le había hecho eterna, caminando por los pasillos puede ver que todo está casi igual, las mismas caras, sus mismos compañeros de clases y la inconfundible e infaltable voz de su compinche del alma.
ATKINSON: “Esquilachi… Esquilachi… Que dice el mío… Pendiente de que mi pana… ¿Y a usted que me le pasó chamo?... ¿Por qué tan desaparecido?... Estábamos preocupados por usted brother… Tiene que echarme todos los cuentos… Mire, el problemón suyo con esa chama de Odontología se hizo famoso aquí en el colegio… Todavía la gente habla de ese asunto… Imagínese que por ahí escuché que le dicen Esquilachi el impostor… Jajajajajaja”
ESQUILACHI: “Jajajajajaja… Que cómico Atkinson… Muy graciosito… Si viene a sabotearme es mejor que se vaya por donde vino… Además no quiero hablar de ese asunto ni de la chama esa… Me tiene sin cuidado lo que esté diciendo la gente… ¿Ok?”
ATKINSON: “Ok… Está bien brother… Lo respeto… Pero no me venga a decir usted que se rindió con la jevita esa… Si usted ya tenía listo ese asunto… Esa chama delira por usted brother… A ella se le ve en la mirada… Ahí todavía hay corazón… Yo estoy seguro que si usted no se rinde y lo sigue intentando puede lograr cosas importantes con ella… Porque ahí hay amor… Yo lo se… Yo lo se”
Las palabras de Atkinson movieron algunas fibras en el congelado corazón de Esquilachi, total era su mejor amigo y conocía muy bien cual era la situación antes de aquel fatídico día en que le descubrieron.
Esquilachi se apartó un momento, fue hasta un rincón del salón de clases, sacó su teléfono y busco en el directorio por la letra C a Camila, la seleccionó y escribió “Hola”. Espero unos segundos y le dio click a enviar… Después de esperar no más de dos minutos llegaba una respuesta.