LLEVO LA PEGADA

CAP XXXIV


ESQUILACHI: “Tuuuu… Tuuuu… ¿Qué haces aquí?

Así, con ese desespero recibía Esquilachi Ramírez a Camila Pomodorata, quien parada en la puerta, no sabía muy bien de que manera reaccionar.

CAMILA: “Esquilachi ¿Me reconociste?... Si… Soy yo… Que alegría que me hayas identificado de una vez… Aleluya… Aleluya… es un milagro

ESQUILACHI: “Tuuuu… Tuuuu… ¿Qué haces aquí?... ¿Viniste a inyectarme nuevamente?... ¿Por qué enfermera?... ¿Por qué?

Falsa alarma, Esquilachi no había identificado nada a Camila, simplemente la estaba confundiendo con la enfermera Agapita Ibuprofeno, quien durante su estadía en la Clínica Corazón, Vasos y Copas, le había perforado los glúteos al pobre Esquilachi hasta más no poder con todas esas inyecciones.

CAMILA: “Eso quiere decir entonces… Que… Que… Que tu Esquilachi sigues sin saber quien soy yo

ESQUILACHI: “Realmente me cuesta mucho identificarla señorita… Por ejemplo ya se que usted es mi mamá

DOÑA ERNESTINA: “Gracias al cielo mi querubín

ESQUILACHI: “Se que este señor de aquí es mi papá

DON AQUILINO: “Bien dicho mi muchacho… Eres todo un campeón

ESQUILACHI: “Ese que viene entrando en este momento es mi mejor amigo… Atkinson Pérez

ATKINSON: “Así se habla el mío… Yo soy su panadería… Pendiente de qué

ESQUILACHI: “Esta que está a mi lado es Mortadelia Domínguez

MORTADELIA: “Uuuuyyyy… Pero que memoria tan rebonitíca tiene este pelao… Yo no pertenezco a esta radionovela… Pero como los guionistas son Jairo, Irina y Toñito yo me les presto para cualquier cosa… Total ¿Qué tan mal podría salir esto conmigo al aire?

CAMILA: “¿Y yo Esquilachi?... Identificaste hasta Mortadelia… Debes saber como me llamo yo ¿Verdad?

ESQUILACHI: “No… Uh Uh… No se quien es usted señora

Esa era la triste, pero dura realidad, Esquilachi por alguna extraña razón no terminaba de reconocer a quien hasta hace pocos días fue su entrañable amor platónico.

Unos minutos más tarde nos encontramos a una desesperada y sollozante Camila Pomodorata, conversando con la Doctora Ampicilina Medina, médico oficial del caso: Paciente Esquilachi Ramírez.

CAMILA: “Sinceramente doctora no se que pensar… No hay forma que Esquilachi me reconozca… Poco a poco ha ido tomando más contacto con su entorno, con la realidad de su vida… Pero yo sigo siendo un total cero a la izquierda para él… ¿Por qué doctora… Por qué?

Sorbiendo un trago de su taza de café y acariciándose la barbilla, la doctora Ampicilina Medina procedió a emitir su diagnóstico.

DOCTORA AMPICILINA: “Señorita… Debo decirle que según mis análisis y por lo que usted me ha contado… La situación de Esquilachi no podía ser más evidente… El muchacho ha empezado a recuperar la memoria… Identifica muy bien a sus familiares y amigos más cercanos… Sin embargo no la puede reconocer a usted porque su subconsciente la ha bloqueado momentáneamente o para siempre… Por lo que me he enterado usted le hizo la vida cuadritos y al momento del accidente el estaba sufriendo mucho por su culpa… De ahí que ahora su subconsciente haya decidido bloquearla

Palabras muy duras emitía la doctora Ampicilina, palabras contundentes que retumbaban en la cabeza de la pobre Camila Pomodorata. Al final sucedió lo que ella misma le había solicitado insistentemente a Esquilachi, que la dejara en paz, que se olvidara de ella y vaya que lo estaba haciendo.

Como esta radio novela se está alargando más que interpelación de ministro corrupto, vamos adelantar un pelito las horas… Los días y que tal si adelantamos hasta unas dos semanitas en esta dramática historia de la vida real…

Es lunes, Camila Pomodorata ha seguido con absoluta normalidad su vida, no ha vuelto a visitar a Esquilachi cumpliendo con las recomendaciones médicas de la doctora Ampicilina Medina, tampoco lo ha llamado ni le ha enviado mensajes de texto, mucho menos le ha tuiteado.

Hoy nos la encontramos ingresando a las instalaciones de su facultad, la vieja, pero ilustre Facultad de Odontología, donde cursa tercer año de dicha carrera universitaria. Camina ligeramente por los pasillos rumbo al salón de prácticas, para serles sinceros Camila sigue pensando muy seguido en ese muchacho llamado Esquilachi, recuerda con suma ternura tantos momentos gratos que pasaron juntos, pero también cae en cuenta que tal vez esa relación se disipó para siempre… Suspira con nostalgia y de repente percibe un olor, un olor muy particular que le enciende las alarmas, en medio del horripilante olor del Flemicaine, Camila captaba el aroma de un perfume que le resulta muy familiar.

Ese perfume que tantas veces quedó impregnado en sus delicadas manos… Ese perfume que estaba en cada página, de cada carta que había recibido de él… El mismo perfume que inundaba su habitación, cada vez que desplegaba el pañuelo azul que le habían regalado aquella vez que se mojaron bajo la lluvia… Siiii… Era el perfume de Esquilachi Ramírez.

Efectivamente ahí estaba Esquilachi, en una de las mesas del cafetín de la Facultad de Odontología, sentado al lado de por lo menos media docena de lindas estudiantes de dicha carrera. Camila no lo podía creer, Esquilachi había vuelto a su facultad como en los viejos tiempos, la alegría de la linda señorita se le desbordaba por todo su cuerpo. Justo cuando está a punto de abordarlo, para saludarle, para darle un beso y recordar los viejos tiempos, Camila es interceptada por su noble amiga del alma Amalgama Portillo.

AMALGAMA: “Hey, hey, hey… Que molleja Camila… ¿Qué estás pensando vos que vais hacer?... ¿Para donde vais con tanto apuro?... No me digáis que vas pa que Esquilachi porque la estáis embarrando… Yo se por qué te lo digo… Vos solo háceme caso… NO TE LE ACERQUÉIS A ESQUILACHI