LAS NUEVAS AVENTURAS DE CANDY CANDY (Presiona aquí para el audio)


CAP XXV

EL CAPITULO DE HOY SE TITULA: “CHACUNCHA EL RITMO QUE SE BAILA… CAHCUNCHA EL RITMO QUE SE GOZA”

En un café de la ciudad se encuentra nuestra pobre Candy Candy inmersa en un mar de lágrimas, no está sola, a su lado está su mejor amiga y vecina de pieza en la residencia estudiantil, nos referimos a Annie y también le acompaña el maléfico y calculador doctor Archibald Galeno, mejor conocido como el doctor Archi

CANDY CANDY: “Bien lo dijo un día en un momento de arrebatada creatividad inspiradora el gran poeta Javier Tripa… La vida no tiene sentido… La vida no vale nada… Snif, snif, snif… Como me va hacer esto Anthony… Como pueden ser tan pelotudos los hombres… Tanta confianza que le había dado… Primero le pasé lo de las apuestas… Y ahora resultó ser tremendo amante de las mujeres que se ganan la vida con el oficio más antiguo de la humanidad… No, no, no… Esto es demasiado”

ARCHI: “Yo porque de verdad me sentí demasiado mal cuando vi aquella escena tan grotesca… Con todas esas mujeres casi sin ropa bailando encima de las mesas… Imagínense… En la propia finca de papá… Yo traté de hablar con Anthony… Pero estaba tan loco y desencajado que solo gritaba: “Que viva Excalibur… Que viva Italian 1 Pub… Que viva Gozarteun… Yo no se que quería decir con eso… Pero ahí fue donde me di cuenta que era mejor alejarme antes de que esas cochinas mujeres me fueran a ensuciar mi noble reputación”

CANDY CANDY: “Que pena con vos doctor Archi… Un hombre tan decente… Que solo ha querido ayudar a Anthony y viene el muy mala clase y lo embarra todo… Pero esto no se queda así… Esto se hincha… Ya he tomado una decisión… Lo voy a olvidar… Lo voy a olvidar… Aunque me cueste la vida… Aunque me cueste el llanto… Yo aseguro que lo tengo que olvidar”

ARCHI: “Pero ya va hermosa Candy Candy… ¿No te parece que estás siendo un poquito drástica?... Un error lo comete cualquiera… Además… Yo no creo que Anthony estuviese hablando en serio cuando le pidió matrimonio a una de las bailarinas que le decían la licuadora”

CANDY CANDY: “Buuuaaa… Buuuaaa… Snif, snif, snif… Ese Anthony es un sinvergüenza… Es tremendo gil ese tipo… No quiero… No quiero saber nada de él… Por mi que se desaparezca para siempre de mi vida”

ANNIE: “Disculpe doctor Archi… Yo se que usted quiere solo lo mejor para Candy Candy y Anthony… También se que sus instintos naturales de hombre hacen que trate de ayudar a ese patán… Pero aquí pienso que Candy Candy tiene toda la razón… No hay vuelta atrás… Este tipo debe entender que ya la perdió sin derecho a pataleo”

CANDY CANDY: “No lo quiero ver más nunca… Snif, snif, snif… Quiero sacarlo de mi cabeza”

ARCHI: “Tranquila mi niña… Si esa es tu decisión entonces yo te voy ayudar… Solo con fines terapéuticos… Con el único objetivo de que te relajes y despejes la mente… ¿Qué te parece si aceptas mi invitación para ir a Margarita por unos pocos días… Cambiar de ambiente… El agua del mar… Distraerte con otros lugares te puede hacer un gran beneficio… Yo tengo un apartamento en Porlamar… Podríamos irnos ahora mismo si así lo deseas… Tengo un amigo boliburgues que me presta su jet privado y saldríamos en cuestión de una hora para así ayudarte a olvidar a ese pobre muchacho descarriado por la vida… ¿Qué dices? ¿Ahhhh?”

Candy Candy se quedaba en silencio, su mente estaba hecha un pasticho, por un lado todo eso que le había llegado intempestivamente sobre su, hasta hace pocos minutos, novio y por otro lado esta invitación que le hacía el supuestamente desinteresado doctor Archi.

CANDY CANDY: “No se doctor… Es usted muy amable… Pero no me parece que esa sea la solución… No se”

ANNIE: “Candy Candy… ¿Qué te pasa chama?... Tienes el corazón más destrozado que el peroné de Jairo… Y te llega este amable doctor para invitarte a que despejes esa mente en Margarita con todos los gastos pagos… ¿Y piensas decir que no?... A ver dime… ¿Cuándo fue la última vez que fuiste para Margarita?”

CANDY CANDY: “Annie… Yo en mi vida me he montado en un avión… Lo más lejos que he salido de Mérida fue la vez que visité a Toñito en San Juan”

ARCHI: “Por eso Candy Candy… Vamos… Distráete… Eso te va a caer muy bien… Además… Me dijeron hay muy buenos precios en todas las tiendas… Así que podríamos salir todos los días de compras para que te traigas todo lo que te haga falta”

Jaque mate, el doctor Archi presionaba la tecla a la que ninguna mujer del mundo podría resistirse y esa tecla es la C, la C de compras, la doble C de compras compulsivas.

CANDY CANDY: “Ehhhh… Bueno… Está bien… Acepto… Le tomo la palabra doctor Archi… Pero solo porque necesito sacarme a ese diablo de mi cabeza”

ARCHI: “Bueno… Está decidido… Nos vamos para Margarita ya mismo… Te voy a llevar a tu casa para que hagas una pequeña maleta con lo más necesario… Por ropa no te preocupes que haya la compramos toda… Vámonos de una vez que el avión nos está esperando”

Se dan cuenta ustedes como hay gente malévola en el mundo, gente capaz de hacer estas cosas o de muchas peores. Mientras esto sucede en aquel café, vamos a ver que pasa en la Plaza de Milla, ahí, sentado en una banquita, íngrimamente solo se encuentra Anthony, el muchacho no le quita la mirada a la puerta de la Residencia Estudiantil el Hogar de la Señorita Pony, recuerden que hace unas dos horas fue corrido como corren a un perro pedigüeño de una carnicería por la viejita Pony, está esperando que en cualquier momento llegue Candy Candy para poder pedirle perdón y tratar de rescatar lo que pudiese quedar de aquel noviazgo. Oh no, justo en ese instante sucede lo que regularmente sucede en Mérida cuando uno menos lo necesita

Si, empieza a caer tremendo leño de agua…

Cuando Anthony está a punto de cruzar la calle para resguardarse en una de las tantas heladerías de la zona que solo venden helados de coco, sucede algo que le dejó paralizado, ahí, enfrente de sus propias narices, llegaba Candy Candy en la lujosa camionetota del doctor Archi, lo que más le impactó fue verla bajarse abrazada, protegida de la lluvia por aquel señor. El agua fría, más el viento de aquella pequeña tormenta lo hacían temblar, pero no era eso, no, eran los nervios, era la sensación de desmoronamiento cardiaco que le invadía, intentaba hablar, emitir algún sonido pero la voz no le salía.

ANTHONY: “Candy Candy… Candy Candy… Mi cielo"