CAP II
Era lunes, segunda semana de enero y se reanudaban oficialmente las clases en la prestigiosa Unidad Educativa Bolivariana San Tiro Fijo, colegio donde cursaba estudios el protagonista de esta historia, nos referimos a Esquilachi Ramírez, mejor conocido entre sus amigos como Burro con sueño.
El ambiente es el característico en un primer día de clases, abrazos de feliz año, reencuentro entre panas, anécdotas por doquier, exhibición de regalos del niño Jesús, como Blackberrys, Ipods, consolas de video juegos, DS, etc, etc, etc…
El tímido Esquilachi se ha mezclado entre la multitud de estudiantes que conversan animadamente, no se detiene, no saluda a nadie, tampoco nadie le saluda, esquivando varios grupos de jóvenes el muchacho se dirige hacia una esquina del patio central, hoy es lunes cívico y todos están reunidos esperando la llegada de la directora, cuando está a punto de sentarse en una de las bancas allí dispuestas una voz conocida le llama por su nombre.
ATKINSON: “Esquilachi… Ese Esquilachi… Mira el mío… Que dice mi pana Esquilachi… Pendiente de que”
Era Atkinson Pérez, el mejor amigo de Esquilachi, Atkinson y su familia habían llegado a estas tierras andinas hace unos años atrás con el grupo de damnificados de la Guaira, a los que les habían prometido vivienda propia y aún seguían esperando.
ESQUILACHI: “Hola Atkinson… ¿Cómo estás?... Pensé que no vendrías hoy a clases… Como me dijiste que te ibas con tu familia a Buenos Aires a pasar navidades… Y Bueno… Argentina está tan lejos, que pensé que no te daba chance de llegar”
ATKINSON: “Jajajajajaja… Uy Ramírez, usted si que es conejo brother… Que Argentina ni que ocho cuartos… Te dije que me iba a pasar navidades en Buenos Aires, el barrio del Vigía donde viven unos primos… ¿No has oído hablar de él?... ¿Barrio Buenos Aires… Del Vigía?”
Comienza el lunes cívico en el colegio San Tiro Fijo, la voz cantante la lleva la señora directora, nos referimos a la refinada profesora Carmen Mitocondria. Luego de la interpretación del himno nacional, algunos padres nuestros y ave marías, la profesora Mitocondria recibe al grupo de estudiantes que hoy se incorporaban a sus actividades académicas. Las recomendaciones de rigor se dejan escuchar a través de las palabras de la directora de aquella prestigiosa institución educativa.
PROF. MITOCONDRIA: “Bachilleres… Hoy el colegio San Tiro Fijo les da la bienvenida luego de este merecido receso navideño… Van a comenzar sus actividades académicas con absoluta normalidad… Les recordamos traer debidamente su uniforme con el distintivo y procuren no meterse en problemas… Recuerden que antes del 31 de este mes, los bachilleres involucrados en el cruel acto de cortarle la cabeza a la estatua del ilustre Manuel Marulanda Vélez, deberán pagar los gastos correspondientes a la restauración de dicha estatua o de lo contrario serán expulsados”
ATKINSON: “Cónchale Esquilachi… Ahí está… La vieja Mitocondria se acordó de mi travesura con los otros panas… Quien me manda a estar cortándole la cabeza a ese bicho… Ahora debo conseguir esas lucas antes del 31… ¿Qué hago mi pana?... Mis papás no se pueden enterar de lo que hice… A ellos no les puede pedir esos reales… Debo conseguirlos por mi propia cuenta… ¿Qué hago Esquilachi?... Ayúdame por favor”
Como habrán notado el pobre Atkinson Pérez era víctima de la desesperación, mientras ambos amigos pensaban que hacer, poco a poco se fueron disolviendo las filas de estudiantes que estaban formadas durante el acto del lunes cívico, justo antes de entrar al salón de clases a Esquilachi se le encendió el bombillo.
ESQUILACHI: “Atkinson… Creo que tengo una buena idea… Ayer fui a comer helados en el centro… Mientras caminaba por el Rectorado, me di cuenta que en la Facultad de Odontología los estudiantes de esa carrera le pagan una buena cantidad de dinero a quienes se dejen hacer pruebas en su dentadura”
ATKINSON: “Ajá… ¿Y que tiene que ver eso conmigo Ramírez?”
ESQUILACHI: “Atkinson… ¿Tu no te has visto en un espejo?... Tú tienes los dientes más feos que los de un perro desnutrido… Lo que quiero decir es que en tu boca tienes una fortuna… Si te dejas hacer pruebas, no solo te van arreglar los dientes, sino que también te van a pagar… En pocas palabras vas a matar dos pájaros de un solo tiro”
Debemos confesar que a nosotros no nos parece tan buena esa idea de Esquilachi, pero por lo menos la creatividad la tenía a millón, Atkinson se comprometió a pensarlo bien y mañana le traería una respuesta.
Ya dentro del salón de clases, los alumnos esperan al profesor Isaac Neutrón para su clase de Física de la primera hora, al sentarse en su pupitre, Esquilachi no puede evitar mirar a su derecha, el pupitre vacío de al lado le trae recuerdos, dulces recuerdos de un pasado reciente.
Nuestros más fieles oyentes deben recordar con el sonido de esta canción a quien nos vamos a referir, estas notas musicales nos trasladan a un solo nombre, el nombre que más recuerda Esquilachi Ramírez, la siempre bella… Ana María Bora…
Suspirando como un hámster de laboratorio, el muchacho no dejaba de mirar ese vacío pupitre, ¿Pero por qué no está ahí la bella Ana María? ¿Dónde se ha metido Ana María “La Gata” como la conocen sus amigas? Mientras Esquilachi se ahogaba en un mar de recuerdos imborrables, sus pensamientos fueron abruptamente interrumpidos por una reconocida voz gangosa.
CRISTINA PINA: “¿Qué pasó… Que pasó… Que pasó Burro con sueño?… ¿Todavía soñando con lo que pudo ser y no fue?... Aaaaaayyyy… Verdad que el pobre Esquilachi fue el novio de Ana María solo por unas horas… Jajajajajajajaja… Quien iba a imaginar que al otro día su papá militar sería promovido para otro país y se la llevaron bien lejos de ti… Y ahora lo único que te queda es vivir del recuerdo”
Si, tal como escucharon, así como lo expuso cruelmente la pérfida Cristina Pina sucedieron las cosas, no hay que explicar demasiado. Luego de aquel impresionante partido de fútbol, en el que Esquilachi se convirtió el héroe, efectivamente Ana María y él se empataron, pero que jugadas crueles tiene el destino, al llegar a su casa la linda señorita se encontró con la sorpresa que su padre, un importante militar con rango diplomático, fue promovido a representar a nuestro país en el consulado de Reikiavik, capital de Islandia.
Lo demás es fácil de dilucidar, Esquilachi quedaba más solo que la una en Venezuela y sus sueños se iban por la borda. Pobre muchacho, tanto sufrimiento junto.