LLEVO LA PEGADA

CAP IV


La jornada de clases en la prestigiosa Unidad Educativa San Tiro Fijo transcurría con absoluta normalidad, el timbre del receso había sonado y ya todos los estudiantes se dirigían al cafetín, entre la multitud nos encontramos al mejor amigo de Esquilachi, nos referimos al conocido Atkinson Pérez, el muchacho tenía rato dando vueltas por todas partes buscando a su fiel compañero.

ATKINSON: “Cónchale que raro… No veo al mío por ninguna parte… ¿Qué se habrá hecho?... ¿Será que no vino a clase Esquilachi?... Pero él me dijo que si iba asistir… Voy a ver si está en el baño”

Al llegar al baño de caballeros y certificar que tampoco estaba, Atkinson preguntó a uno de los muchachos allí presentes.

ATKINSON: “Mira chamo… ¿No has visto a Esquilachi por ahí?

Cual sería la sorpresa de Atkinson, cuando de uno de los sanitarios emergió una voz conocida.

ESQUILACHI: “Atkinson… Atkinson… Aquí estoy… Soy yo Esquilachi

ATKINSON: “Esquilachi…. Mi pana… Discúlpame esa brother… No sabía que estabas haciendo tus necesidades

ESQUILACHI: “Tranquilo Atkinson… No estoy haciendo del cuerpo… Estoy desayunando

ATKINSON: “¿Desayunando!!!... ¿Y que haces desayunando encerrado dentro de uno de los sanitarios mi pana?

ESQUILACHI: “Es que cuando salimos al recreo vi en el cafetín a Ramón Mamón, con Lenin Chiquicuqui y Walid Al Bajadmamad… Y esos bichos me quieren hacer daño… Prefiero comer aquí que estoy más seguro

ATKINSON: “Bueno chamo… Eso te pasa por estar metiéndote con las mujeres ajenas… Bueno el mío… Cambiando de tema… Me vas acompañar esta tarde a la facultad de Odontología ¿No?... Recuerda que necesito conseguir esos reales”

ESQUILACHI: “Tranquilo… Yo lo acompaño… Atkinson por favor, acérqueme un poquito de papel… Mi mamá no me metió servilletas

Y así llegaba la tarde de aquel día que Esquilachi jamás iría a olvidar, ya verán porque. Encerrado en su cuarto, el protagonista de esta historia ojea en su computador el perfil en facebook de la Bella Ana María Bora, revisa minuciosamente los distintos álbumes de fotografías de la linda señorita que ahora vive en Finlandia.

Ahogado en un mar de suspiros no se da cuenta de la presencia de su santa madre. Doña Ernestina ingresa a la habitación, trae una cesta cargada de ropa limpia y recién planchada, la música de Ricardo Arjona que emergía de las cornetas del computador de Esquilachi le llaman la atención.

DOÑA ERNESTINA: “Aaaaaayyyy hijito mío… Creo que por tu salud mental deberías dejar de estar viendo las fotos de esa muchacha… Esquilachi… Mi amor… Ven acá… Déjame ver tu cara para hablarte bien… Aaahhhh… Esquilachi… ¿Hijo, estás llorando?

ESQUILACHI: “No mamá… No estoy triste… No es mi llanto… Es el humo del cigarrillo el que me hace llorar… Quédate tranquila que estoy bien… Solo estaba tratando de ver como era Finlandia… Más nada

DOÑA ERNESTINA: “Está bien hijito… Te voy a creer… Pero prométeme que vas a dejar atrás el pasado y vas a seguir con tu vida… Quiero de vuelta otra vez a ese alegre muchacho que me acompañaba a misa todas las semanas… Quiero ver al Esquilachi feliz que colecciona elefantes de porcelana… Olvídate ya de Ana María… ¿Es posible eso?

ESQUILACHI: “Si mamá… Te lo prometo… Te dejo porque voy con Atkinson a la facultad de Odontología que debemos hacer una tarea en la biblioteca sobre biología”

Falso, Esquilachi mentía. Ya todos sabemos que el muchacho de la película iba a la Facultad de Odontología con su amigo Atkinson, con el único objetivo de que este último se ofreciera como conejillo de indias para obtener el dinero que adeudaba al colegio por una travesura hecha durante las pasadas navidades.

Ahí vemos al par de muchachos parados frente a la vetusta Facultad, están perdidos, jamás habían ingresado antes a este recinto. Quien toma la iniciativa es Atkinson, necesita saber como es que se bate el chocolate en esta dependencia universitaria.

ATKINSON: “Señorita, mi amol… Buenas tardes… Estamos interesados en saber como es eso que uno se viene pa´ acá y si le arreglan los dientes le pagan unos reales

AMALGAMA
: “Ve que molleja… Y yo que estaba necesitando unos pacienticos como vos… Vení pa´ acá mijo… Has llegado al lugar indicado… Acompañáme que ya mismo te vamos atender

La que hablaba era Amalgama Urdaneta, una linda muchacha proveniente de Ciudad Ojeda estado Zulia y que ya cursaba tercer año de Odontología. Amalgama estaba muy interesada en la propuesta de Atkinson ya que tenía varias semanas buscando pacientes para practicar y no había dado con ninguno, así que éste, le cayó como anillo al dedo.

Después de atravesar casi todo el edificio, llegaron por fin al laboratorio donde realizaban las prácticas odontológicas, el sonido del taladro, ese bendito taladro, fue lo que más llamó la atención de los muchachos.

AMALGAMA: “No se preocupen si el taladro les suena raro… Ya tiene vencido los carbones y mañana se los voy a cambiar… Vengan por acá… Les voy a presentar a mi compañera de trabajo

Al llegar al fondo del salón, Amalgama se dirigió hasta donde estaba una de sus compañeras, la muchacha atendía a un pobre paciente semiinconsciente, hizo una pausa en sus labores y se acercó poco a poco, retiró sus guantes quirúrgicos de látex y descubrió su rostro al despojarse de la mascarilla que le tapaba la boca.

AMALGAMA: “Ve… Estos son los pacientes de los que te hablé”

CAMILA: “Hola… Mucho gusto… Mi nombre es Camila

Ahhhhhh… ¿Quién era esa Diosa?... Que mujer tan bella… Esquilachi había quedado mudo, no podía dejar de mirarla, extremadamente hermosa… Y para rematar usaba el mismo perfume que lo volvía loco… Esa niña también usaba Eternity… el aroma del amor.

Algo debía significar que esta muchacha llegara de esa manera a la vida de Esquilachi y él lo sabía muy bien, porque por primera vez: NO ESTABA PENSANDO EN ANA MARIA.