CAP XXXIV
EL CAPITULO DE HOY SE TITULA: “QUE PENSARAN DE NOSOTROS EN JAPON PON… DEBE SER BUENO LO QUE PIENSAN EN JAPON PON”
Ya amaneció y en la soledad de su habitación, acostada mirando el techo, nos encontramos a la linda Candy Candy pensando, reflexionando sobre lo que ha pasado últimamente en su turbulenta vida.
CANDY CANDY: “Por las barbas de Batistuta… Tremendo quilombo en el que se ha convertido mi existencia… Por una lado está el bondadoso doctor Archi… Al principio me parecía el ser más despreciable del mundo… Pero después de conocerlo bien, después de haber visto su personalidad, sus buenos sentimientos y ese montón de ropa, accesorios, zapatos y el carro que me prometió… Creo que me he empezado a fijar seriamente en él… Pero por otro lado está Anthony, mi bello Anthony… Es más pobre que el Chavo del 8… Sin embargo no puedo negar que algo tiene ese hombre que me hace estremecer… No se si serán esas franelitas de Iron Maiden que no se quita nunca o su toque pendenciero que me vuelve loca… Definitivamente Candy Candy llegó el momento de dejar a un lado tanta cabeza fría, debo dejar que sea mi corazón el que me diga que hacer con mi situación sentimental... Dios… Ya no aguanto más… Voy hacer lo correcto… Voy a dejarme llevar por mis verdaderos sentimientos… Te amo Archi… Estoy loca por ti mi doctor bello… Voy a ser la mujer de tu vida”
Bueno… Dicen que en las cosas del corazón nadie manda, así que dejemos por un momento a la linda Candy Candy y pasemos directamente hasta la casa de los Colina, justo en este instante se encuentran desayunando en la cocina Anthony junto a su señora madre.
MAMA: “Anthony hijo… Te he dicho mil veces que no separes la chuleta de los espaguetis… Debes hacer como hace Toñito cuando le sirven macarrones con hígado… Lo mezcla todo y se lo come”
ANTHONY: “Si mami… Lo que pasa es que no tengo mucha hambre que digamos… He estado muy preocupado estos días y hoy tengo un partido de croquet en el Popof Club y no quiero comer mucho para que no me de una embolia”
MAMA: “Oh qué bien hijo… Imagino que vas otra vez con el hijo del doctor Galeno… ¿Cómo va lo del cupo en la Facultad de Medicina?... ¿Si te van ayudar para tu ingreso?”
ANTHONY: “Eso va viento en popa mami… Tuve algunas diferencias al principio con el doctor Archi… Pero ayer tuve la oportunidad de ver cuan grande es la bondad de ese hombre… Y lo más importante… Me aprecia… Me considera un buen amigo… Soy como su hermanito menor… Ahhhh… Por cierto, menos mal que lo recordé… Debo llevarle este pen drive… Voy a guardarlo en mi bolso, aquí entre los guayos para no olvidar dárselo más tarde”
Unos minutos más tarde, ya cerca del medio día, Candy Candy recibe en la residencia estudiantil El Hogar de la Señorita Pony al susodicho doctor Archibald Galeno, mejor conocido como el doctor Archi, a quien la mismísima señorita Pony había invitado almorzar hoy.
CANDY CANDY: “Archi… Archi… Llegaste… Vení… Pasa adelante… Ya estamos sirviendo la comida… Y así de una vez te pongo hielo en esos tremendos chichones que te dejo en la cabeza el desadaptado Anthony anoche cuando te pegó”
ARCHI: “Gracias mi linda Candy Candy… Muchas gracias… De todos modos te digo que estos chichones no duelen tanto como le deben estar doliendo los nudillos a ese muchacho… ¿Tu sabes que tengo dura yo?... La cabeza… Es mi arma secreta”
PONY: “Doctor Archi… Mi hijito lindo… Pasa, pasa adelante, no te quedes ahí parado… ¿Qué modales son esos Candy Candy?... Haga el favor y búsquele al doctor un helado de tizana que tengo en la nevera para él”
CANDY CANDY: “¿Traigo un helado para usted señorita Pony?... ¿Será que le ofrezco uno a Annie?”
PONY: “¿Cómo se te ocurre muchacha?... Esos helados los preparé exclusivamente para el doctor… Ahhh… Y hágame el favor Candy Candy y le dices a Annie que a nosotras nos sirva con el almuerzo agua… El refresco que está encima del comedor es para el doctor Archi… Pasa mijito… Pasa que ya estamos sirviendo la comida”
ARCHI: “Caramba Señorita Pony… Es usted muy atenta… Muchas gracias… Con su permiso… Voy a pasar”
PONY: “Adelante, adelante… Pasa sin pena… Candy Candy por Dios mija… Recuerda que cuando sirvamos el pollo los muslos son para el doctor… Cuidado tu y Annie se ponen de abusadoras a agarrar lo que no les pertenece”
Y así, entre cuentos y comida se escapó la tarde en aquella humilde residencia estudiantil, ya son casi las 8 de la noche y el maquiavélico doctor Archi toma la palabra.
ARCHI: “Bueno hermosas damas… Ha sido un almuerzo inolvidable… Les agradezco sinceramente su hospitalidad… Ahora debo retirarme porque tengo un compromiso deportivo esta noche en el Popof Club… Muchas gracias por todo una vez más”
PONY: “Aaaayyyy doctor Archi… No tiene que agradecer nada… Candy Candy mijita por favor, no seas tan mala clase… Ponle para llevar el postre al doctor”
ARCHI: “No, no, no señorita Pony… No faltaba más… Ya han hecho mucho por mí… Hasta luego… Recuerda Candy Candy que mañana te vengo a buscar para que me acompañes a la ópera”
De esta manera se despedía el doctor, unos minutos más tarde ingresaba a las lujosas instalaciones del Popof Club y en los alrededores de la solitaria piscina se reunía con un grupo de oscuros seres que le estaban esperando.
ARCHI: “Buenas, buenas caballeros… ¿Cómo me les va?... Me gusta que hayan sido puntuales… Señor Occidente… Aquí tienen las máscaras que se deben poner encima para que no los reconozcan y esta es la mitad del pago por el trabajito… La otra mitad se las doy una vez que hayan hecho el encargo ¿Ok?”
OCCIDENTE: “Claro mi doctor… Por eso es que nos gusta hacerle trabajitos a un man como usted… Porque paga seguro y tiene palabra… Solo esperamos que nos de la señal y nosotros procedemos hacer lo nuestro”