
CAP V
Como recordarán, en el capítulo de ayer la súper avanzada nave espacial La Zamura 1 se estrelló al hacer su ingreso a la atmósfera terrestre. Para sorpresa de sus tripulantes, nos referimos al comandante Helminto y al teniente Oxiuro, no aterrizaron en suelo neoyorkino, por el contrario terminaron arribando más bien a tierras andinas, si, en Venezuela, específicamente en Mérida y para ser más exactos, este par de extraterrestres se estrellaron en el espectacular páramo de la Culata. Qué casualidad tan grande.
Hace pocos minutos el teniente Oxiuro salió para realizar un recorrido exploratorio y así determinar con precisión cuál era a ciencia cierta su situación, sin embargo se topó con un pequeño gato doméstico que terminó llevándolo hasta la puerta de una casa desconocida donde habita una dulce viejita.
DOÑA REMEDIOS: “Ven Bola e Miel… Misu… Misu… Misu… Si, ya vi lo mismo que tu… Trajiste un nuevo amigo… Pero por lo visto es tímido… Está escondido detrás de esos matorrales… Hola… Bueeeeenas… Traigo polliiiiito… Amigo… Salga de ahí… Deje la pena y muéstreme su rostro”
Oh no, el teniente Oxiuro sabe perfectamente lo que esto significa, ya el comandante Helminto se lo había advertido, por nada del mundo podía dejarse ver de ningún ser humano sin excepción, esto podría significar el fracaso de la misión y ya bastante que había metido la pata con ese aterrizaje forzoso debido a sus descuidos. Desesperado ante el inminente encuentro con aquella anciana, el teniente Oxiuro no tuvo otra opción que montar su arma espacial interestelar y prepararse para eliminarla en caso de ser necesario.
Mientras esto sucede en el exterior, ¿Qué tal si ingresamos a la súper avanzada nave espacial La Zamura 1 y averiguamos de quien es la llamada que está entrenado a esta hora por el teléfono de protones fotosintéticos?
HELMINTO: “Aló buenas noches… A la orden… Habla el comandante Helminto Alfa”
SEMOLA DURUM: “Comandante Helminto… Qué bueno que por fin contesta… Tengo media hora llamando y ese teléfono repica que repica y nadie atiende… Es la Generala Sémola Durum… Por favor proceda a darme un informe detallado de su aterrizaje… ¿Cuál es la situación?... ¿Ya están en la ciudad de Nueva York?... Adelante”
Tragando grueso y sin ningún tipo de argumento para responder a aquellas preguntas, el comandante Helminto peló por un viejo truco infalible.
HELMINTO: “Aló… No escucho… Se corta la llamada… No tengo casi cobertura… Aló… Aló… Me estoy quedando sin batería… Aló… Aló”
HELMINTO: “Dita sea… Esa era la generala Sémola Durum… Está pidiendo informes y no les tenemos nada… Ni siquiera sabemos dónde estamos… Esta misión fracasa inminentemente… Y el irresponsable teniente Oxiuro no regresa con un informe sobre la situación en el exterior… ¿Dónde donde se encontrará?... ¿Qué estará haciendo?”
La respuesta a esa pregunta es fácil, el teniente Oxiuro sigue escondido detrás de aquellos arbustos, ya montó su pistola desmenuzadora espacial 500 y se prepara a disparar a la inocente viejita que se le acerca con la intención de saludarle. Cuando mete su largo dedo alienígena para halar del gatillo, una dulce voz lo sorprende y lo detiene.
DOÑA REMEDIOS: “Buenas noches amigo… ¿Como está….. Aaaaahhh… Pero por todos los santos… Jovencito… Usted si está flaco y debilucho… Es pura cabeza… Y mire como se le están casi saliendo los ojos… Debe tener demasiada hambre… Y por Dios… Como se le ocurre aguantar tanto frío… Está totalmente azul de lo puro emparamado que está… Hágame el favor y entra a la casa para ponerle un sweater y darle de comer urgentemente… Suelte esa pistolita de agua que no estamos en carnaval y pase adelante que ya mismo le preparo un buen plato de comida… Vamos… Camine… Camine y no se haga rogar”
Desorientado, desconcertado y sumamente confundido, el teniente Oxiuro no pudo evitar ser llevado casi que a empujones hasta el interior de la casa de aquella viejita andina.
DOÑA REMEDIOS: “Tome mijo… Póngase esta chaqueta de mi finado marido Cimitrio, que Dios lo tenga en su santa gloria… Él era casi así de flaco… Imagino que le debe quedar buena… Y venga para el comedor… Hágame el favor y se sienta a comer… Aquí tiene un buen plato atol y no me vaya a dejar una sola arepita de trigo que le rellené con queso blanco rayado… Aquí tiene la natilla y mantequilla… No se quede mirándome así y coma… Vamos coma”
El teniente Oxiuro no sabía cómo reaccionar ante aquella situación, sencillamente se dejó llevar y procedió a obedecer a todo lo que le indicaba la dulce abuelita. Veinte minutos más tarde el confundido extraterrestre terminaba de comer todos aquellos platos que le habían servido.
DOÑA REMEDIOS: “Muy bien muchacho… Vio que no dolió… Carambolas pero si tenía hambre… Yo tenía razón… No dejo una sola migaja en el plato… Ya por lo menos le veo algo de pancita en ese esquelético cuerpo… También veo que no es muy hablador que digamos y eso me parece fabuloso… Vivo en la montaña precisamente para no escuchar el ruido de la ciudad y el ruido que hace la gente… Mucho gusto… Mi nombre es Remedios Guillén... ¿Y tú te llamas?
OXIURO: “Oxiuro Beta para servirle”
DOÑA REMEDIOS: “¿Oxiuro?... Qué nombre tan extraño… Sin duda que debes ser maracucho… Aunque no tienes acento… Bueno Oxiuro… Imagino que estás cansado y yo también lo estoy… Ya te preparé el cuarto de huéspedes… Vivo aquí sola con mi gato Bola de Miel… Así que algo de compañía no nos va a caer mal… Además es peligroso que te adentres otra vez en el bosque con esta oscuridad y este frío… Mañana vuelves a tus cosas, pero ahora descansa que mi casa es tu casa”
Cómo se nota que esta viejita es andina, una vez más Oxiuro no se pudo negar ante tanta bondad y fue trasladado a la habitación donde pasaría la noche. Después que doña Remedios le arropó, apagó la luz y cerró la puerta, un par de ojos gigantes se abrieron en medio de la oscuridad y llevaron al teniente Oxiuro a un profundo estado de reflexión sobre todo aquello que acababa de suceder.